Esta semana, a las afueras del teatro pedí un taxi en Uber, era la noche, casi todos se habían ido ya.
Esperé en la fría noche de Belén Los Alpes los minutos que calculaba la aplicación, y llegó un taxi manejado por un señor mayor (tal vez casi de la edad de mi papá). De esos taxistas que ya no hay, que saluda amable y largo, y se interesa por la respuesta que uno le da, y que por supuesto, preguntan por la ruta preferida.
"El Waze me dice que Bolivariana. ¿Nos vamos por ahí?".
Le dije que esa era la mejor ruta, y ya no hablamos más.
Las luces pasaban a toda velocidad por la ventana, y el taxi era manejado por una imprudencia segura, conseguida por muchos años y kilómetros andados. Sonaba una emisora que, una tras otra, lanzaba éxitos juveniles de las últimas dos décadas.
En una canción especifica, escuché a don Francisco Emilio (así dijo la app que se llamaba mi conductor) cantando pedacitos de un regueton. Por supuesto, desconocía la canción. Abrí Shazam, y le di a "escuchar".
La canción era La Quemona, de Mishelle Master Boys. Ahora que vuelvo a escucharla para saber qué pedacito era el que don Francisco cantaba, me doy cuenta que es una historia larga y muy clara de una mujer que le pone los cachos al marido en su propia casa... En fin, de literatura urbana hablamos otro día, pero el pedacito que más cantaba el taxista era:
"Hágale papito, dele sin parar
dele como a perro que mi esposo
ya va a llegar".
Tuvimos que esperar muchos siglos de evolución de la lírica, la rítmica y las letras, para poder lograr que el mundo cantase himnos tan hermosos como estos. De dos videos que hay en Youtube de esta canción, juntos llegan a unos 80 millones de escuchas. Eso resumen por qué don señor de avanzada edad cantara como si le saliera a él la letra.
Me dejó frente a la casa. Se despidió educadamente, deseándome una buena noche y un merecido descanso.
Supongo que me bajé con la cara y los pensamientos que tuvieron los adultos y niños en los 90's cuando veían a un cucho cantando rock and roll, y no entendían nada. Así mismo.
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